Africa

 

En la decena verde del rosario rezamos por África. 

África es un gran continente que ha vivido y vive momentos históricos difíciles, pero que a pesar de ello ofrece también al mundo signos de esperanza. 

En el siglo XIX, las grandes potencias coloniales europeas se «repartieron» el continente africano como se reparte un pastel.  Cada uno escogió la parte que más le interesaba sin importarle nada de las situaciones geográficas, raciales, tribales y culturales de los pueblos africanos. De esta manera los africanos se vieron subyugados por «dueños» que buscaban exclusivamente sus intereses estratégicos y económicos.

Pero Dios miró con amor a los africanos y precisamente en el siglo pasado suscitó grandes misioneros, quienes vieron en los habitantes de África a personas redimidas por la cruz de Cristo, hermanos a quienes había que llevar la luz del Evangelio.

Entre ellos destaca Daniel Comboni.  El intuyó que «la hora de África» había llegado; es decir, la hora en que también los negros tenían que llegar a ser miembros de la Iglesia católica por la fe en Cristo y por el bautismo. 

Comboni escribía en 1864: «Salvar a África por medio de África» y el Papa Pablo VI durante su visita a Uganda en 1969 gritaba: «África, sé evangelizadora de ti misma.  Irradia la luz del Evangelio sobre todos tus hijos».

El Sínodo africano celebrado en Roma ha sido un signo de la gran vitalidad de la Iglesia africana que trata de responder de una manera evangélica a los grandes desafíos que presenta hoy este continente: guerras fratricidas con la secuela de refugiados y desplazados, modelos de desarrollo impuestos por intereses extranjeros con la complicidad de las clases africanas dominantes, la inculturación en los ámbitos de la liturgia, los estudios bíblicos, el matrimonio, etc.; los pobres, los enfermos de SIDA, el aborto, etc., etc.

Los católicos africanos son más de 80 millones; hay muchos obispos, sacerdotes y religiosos autóctonos; también hay un gran número de laicos comprometidos y catequistas que son los principales animadores de las comunidades cristianas.

Estas últimas viven con fervor y entusiasmo la fe recibida y no faltan los que testimonian su fidelidad a Cristo hasta con el martirio.

África tiene mucho que aportar a la Iglesia universal desde su peculiaridad con su eclesiología llamada «Iglesia familia»; y, aunque todavía hay extensas zonas de primera evangelización, el Papa Juan Pablo II, vislumbrando esa «nueva época misionera», exhorta a los africanos diciendo: «No solamente salvar a África con África, sino también evangelizar otros pueblos con misioneros africanos.

¡Bajo tu protección nos refugiamos, Santa madre de Dios! ¡Oh, madre de los hombres y de los pueblos, tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, tú que sientes maternalmente las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo moderno, escucha nuestro grito, que, movidos por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a tu corazón; abraza, con amor de madre y esclava del Señor, a este nuestro mundo humano, el cual te confiamos y consagramos llenos de inquietud por el destino terreno y eterno de los hombres y de los pueblos!

Juan Pablo II