Oceanía
El color azul identifica al continente más nuevo  y más pequeño.

Continente formado por miles de islas grandes (la mayor de ellas es Australia) y pequeñas, perdidas en el inmenso azul del Océano Pacífico.

La población total de este continente es de casi 25 millones de habitantes.  La mayoría de ellos aún no han conocido la Buena Nueva de la salvación.

También el Papa Juan Pablo II lo hace notar: «El multiplicarse de las jóvenes Iglesias en tiempos recientes no debe crear ilusiones. En los territorios confiados a estas Iglesias, especialmente en Asia, pero también en África, América Latina y Oceanía, hay vastas zonas sin evangelizar; a pueblos enteros... no ha llegado aún el anuncio evangélico y la presencia de la Iglesia local»

Entre los misioneros que han vivido, trabajado y muerto anunciando la Buena Nueva en este continente se encuentra el padre Damián Veuster, de nacionalidad belga.  El trabajó en Molokai, una isla entre Honolulú y Hawai, donde vivían cientos de leprosos en la más absoluta miseria física y moral.  Padre Damián se hizo leproso con los leprosos, con el fin de ganarlos a todos para Jesucristo.  Murió consumido por la lepra y por una vida de entrega total.

Hay un buen número de misioneros que trabajan en este continente, pero no son suficientes para la gran tarea de la evangelización. 

Las principales dificultades que ellos encuentran derivan de la misma configuración del continente, formado por innumerables islas.

  • Para transmitir el mensaje cristiano a los diferentes pueblos de las islas, los misioneros deben aprender múltiples idiomas y dialectos.

  • Para realizar las visitas a las comunidades deben viajar de una isla a otra cubriendo miles de Kilómetros sobre las ciguas del mar.

  • Por otro lado este fraccionamiento impide los contactos y las comunicaciones entre las pequeñas comunidades cristianas que han ido surgiendo sobre todo en Australia y en algunas otras islas.

Estos heraldos del Evangelio que trabajan en condiciones particularmente difíciles, necesitan nuestra oración para poder seguir adelante en la implantación del Reino de Dios en Oceanía. 

María, la madre de Aquel que vino a hacer de la humanidad la única familia de los hilos de Dios, allane los caminos del Evangelio en Oceanía, para que sus habitantes a pesar de las distancias y diferencias lleguen a formar la única Iglesia de Cristo redentor.

Te saludo, Madre de Jesús, y te doy gracias por haber dado el hilo de Dios a todos los hombres. Te pido por todas las madres del mundo entero. Sostenlas en las fatigas, las preocupaciones y los disgustos. Te pido por todos los niños que no tienen madre. Haz que encuentren a alguien que les ayude a no sentirse solos. Te pido por mí.. Enséñame a conocer a Jesús y a quererlo como tú lo quisiste. Y gracias por ser la madre de todos los hombres. También la mía. Desde el cielo no me abandones.