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TESTIMONIO SOBRE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD.
“…Cuando te pregunten, decid: Venimos adorar al Emmanuel – Dios con nosotros”. Con estas palabras finaliza el Himno de la Jornada Mundial de La juventud y se puede decir que resume el Espíritu que reinó durante aquellos días de gracia, donde nos reunimos un millón de jóvenes de todas partes del mundo para llevar nuestras vidas y ponerlas en actitud de oración y adoración ante el Dios con nosotros.
"Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21).
Este fue el deseo de los jóvenes del mundo que hizo que nos encontremos en la XX Jornada mundial de la juventud que se realizó en Alemania. Esta jornada estuvo dividida en dos grandes bloques de una semana cada uno, el primero fue la Jornada en las Diócesis Alemanas, compartiendo la vida parroquial, la vida cotidiana de las familias y la segunda semana se realizó en tres ciudades simultáneamente: Colonia, Bonn y Düsserldorf; con la ciudad de Colonia como centro de las actividades más fuertes, en ella lo recibimos al santo Padre y en ella también celebramos la vigilia y la Eucaristía final.
"Se pusieron en camino" (Mt 2,9).
En esta Jornada se ha buscado resaltar la dimensión misionera de la Juventud y por ello he tenido la oportunidad de representar al País junto con Judith Ruejas de Tucumán, con ella nos sumamos a otros representantes de las OMP (Obras Misionales Pontificias) de varios países: Perú, Chile, Uruguay, Paraguay, Venezuela, México, Colombia, Brasil, Francia, Alemania, Eslovenia, Rep. Checa, Eslovaquia, España, Italia, Isla de Malta, Angola, Cabo Verde, Tailandia, China, Egipto, Zaire, India. Todos juntos hemos conformado la delegación OMP en la jornada y como se darán cuenta éramos una delegación que se distinguía de las otras, ya que las otras eran delegaciones por países, mientras que en nosotros reinaba la diversidad de colores, lenguas y países, esto la hizo ser una experiencia puramente católica (universal) donde el deseo de reconocer a Jesús y darlo a conocer pudo mas que la barrera del idioma, donde los lazos de familia pudieron más que las distancias culturales y esto es grandísimo, esto es puro regalo de Papá Dios.
"Y la estrella ... iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño" (Mt 2,9).
Como les decía antes la jornada se dividió en dos semanas, durante la primer semana estuvimos alojados en las familias alemanas, yo tuve la gracia de estar en la Parroquia San José, en Flörsheim de la Diócesis de Limburg, esto es cerca de Frankfurt, unos 20 minutos al sur.
Allí estuvimos alojados junto a la representante de Perú en una familia donde desde el comienzo reinó la cercanía y el deseo de darse cada uno, rompiendo las barreras del idioma pudimos compartir la vida, lo propio de cada país; incluso, hasta llegaron a probar nuestro mate argentino.
Esta primera semana realizamos el día de trabajo solidario bajo el slogan: “La reconstrucción” y teníamos varias opciones: realizar tareas comunitarias en plazas, asistir a los niños en un jardín de infantes, trabajar en un mercado recaudando dinero, acompañar a personas con discapacidades en sus tareas cotidianas.
Me toco el trabajo en el mercado y puedo decirles que fue una experiencia de trabajo y de evangelización, ya que colocamos un puesto en una feria y vendíamos productos (miel, chocolate, te, fideos, vino, etc.) de varios países, la gente al principio no sabia quienes éramos y nos miraba raro, ya que estábamos mexicanos, chilenos, malteses y un argentino con unos corriditos mexicanos de fondo, esto no era nada común para ellos, así que nos miraban de lejos al principio pero luego de aprender algunas palabras alemanas y ayudados por gente de la parroquia pudimos, vender y anunciar la razón por la que estábamos, comentarles el porque de viajes tan largos y decirles que valía la pena seguir aquella estrella de la que hablaban los magos, ya que ella nos mostraba donde hoy Jesús se encontraba y era en ese preciso lugar, lugar donde se construía la comunión.
"Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre: y postrándose le adoraron" (Mt 2,11).
Durante esta primera semana nos encontramos con las liturgias alemanas, ya que compartimos varias Celebraciones Eucarísticas y diversas oraciones, podemos decir que entramos en sus casas de oración: en sus iglesias y nos encontramos con la Historia, con templos cargados de años de búsquedas, uno allí dentro se siente acogido por la inmensidad de la historia, la multitud de los otros que ya han pasado y descubre al Dios Padre de la humanidad.
Uno de los recuerdos más grandes que me quedan son precisamente estos momentos litúrgicos, donde todo se realizaba en varios idiomas y rezábamos, ¡si! Era posible rezar con el idioma del otro, con la cultura del otro y a la vez ellos con la nuestra, que increíble fueron esos momentos, parece que el idioma del amor, el idioma del diálogo con Jesús traspasa la frontera de la lógica y hace posible la comunión de sentimientos, la comunión de vida, hace posible esto que hicieron los magos: postrarse y adorar a Dios.
"Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (Mt 2,11).
La segunda semana comenzó con la movilización de la delegación completa de OMP, éramos 94 jóvenes, hacia Düsserldorf que esta situado a unos 190 kilómetros al norte desde donde nos encontrábamos.
En esa ciudad nos alojamos en un campamento a las orillas del Río Rhin, el campamento “Scout Mission”, allí solo desayunábamos y descansábamos, ya que todas nuestras actividades las realizábamos a unas 20 cuadras en la Iglesia San Peter, allí era nuestra sede misionera, donde podían venir los peregrinos y descubrir como se estaba trabajando la misión en el mundo. Para esto realizamos una exposición por continentes que recorría todo el templo, esta exposición misionera se llevo a cabo el miércoles y el viernes, ya que el jueves nos trasladamos todos los jóvenes a recibir al Santo Padre en Colonia.
En la exposición uno descubría el esfuerzo de las Iglesias por vivir su identidad misionera, se vislumbraban sus luchas, sus logros y uno se encontraba con el testimonio de tantos misioneros que daban su vida en el primer anuncio, los peregrinos que venían a visitar la exposición eran recibidos y acompañados durante todo el camino que terminaba en la capilla del Santísimo y en un momento de oración por esas realidades que se conocían.
“El oro de vuestra libertad de seguirlo, el incienso de vuestra oración ardiente y la mirra de vuestro afecto mas profundo”
El viernes en la Iglesia San Pantaleón de Colonia se realizó el Encuentro Mundial de Seminaristas con su Santidad Benedicto XVI del que tuve la posibilidad de participar representando al país ya que fui el único seminarista argentino que acudió.
El encuentro comenzó por la mañana con la celebración de la Eucaristía.
Alrededor de las 16 comenzó la celebración con el Santo Padre, celebración donde reino la sencillez con una enorme profundidad, profundidad marcada por la diversidad de respuestas, de modo de consagración, ya que éramos seminaristas de todo el mundo y cada uno con lo particular de su cultura pero unidos en el deseo de seguir al Señor.
Recibimos las reliquias del Santo Cura de Ars patrono de las vocaciones sacerdotales, y luego recibimos al Santo Padre, estos fueron momentos muy intensos, donde las emociones van y vienen, aquí uno se da cuenta lo que significa la persona del Santo Padre, uno descubre la tarea que él tiene de generar la comunión, de confirmar en la fe.
Su mensaje toco la importancia del seminario en la formación, la importancia de vivir intensamente esta experiencia, buscando la intimidad con Jesús, vivir el seminario como una “primavera”, una estación llena de promesas, formarnos para finalizar siendo alter Christus. Sus palabras concluyeron con la promesa de su oración y su bendición para cada uno de los seminaristas.
El sábado 20 por la mañana, muy temprano, comenzamos el éxodo hacia Marienfield (El campo de María) que estaba situado en las afueras de la ciudad de Colonia, durante el viaje hacia aquel lugar, donde vivimos la vigilia y la misa final, nos fuimos encontrando con otras delegaciones; este encuentro de todos los jóvenes que viajábamos estuvo marcado por la alegría y allí se entrecruzaban sentimientos, miradas, culturas, deseos de gritar a cuatro vientos aquí estamos Señor y la alegría propia de los cantos en varios idiomas.
Una vez en el Campo de María donde llegamos a reunirnos un millón de jóvenes en una jornada que comenzó al mediodía con cantos de distintos países y se extendió hasta la tarde, fue una ocasión para conocer la música propia de cada cultura. Este festival concluyó por la tarde cuando poco después de las 19 horas recibimos al Santo Padre y comenzamos la vigilia de Adoración al Santísimo.
En esta Vigilia que nuevamente fue coronada por la sencillez y por la esperanza que brillaba en cada una de las cientos de miles de velas que se encendieron y que anunciaban a Jesús como la luz del mundo, todos los jóvenes juntamos nuestras voces y nuestras vidas y nos colocamos en actitud de oración e imitamos aquella actitud de los magos haciendo realidad el lema de la jornada: “hemos venido a adorarle”.
Este momento fue donde la realidad personal de cada uno se encontró acogida por la inmensidad del amor de Dios, donde cada uno de nosotros experimentó la presencia de Dios en medio de la Iglesia reunida.
"Se retiraron a su país por otro camino" (Mt 2,12).
El domingo por la mañana comenzamos cantándole a Dios con el rezo de las Laudes y nos dispusimos a comenzar la misa de clausura. Para esta celebración se acercó más gente venida de varias diócesis alemanas y de repente estábamos nuevamente unidos en un mismo lugar gente de todo el mundo, estábamos dispuesto a celebrarlo a Jesús en medio nuestro, esto lo puedo definir como la experiencia mas fuerte de catolicidad de nuestra Iglesia, o sea de universalidad.
La celebración Eucarística fue el culmen de esta jornada ya que hizo presente a Jesús en un pesebre de diversidad cultural único, donde cada uno ponía su vida en común, los cantos litúrgicos transparentaban esto ya que cada uno de ellos se tomo de la liturgia de los cinco continentes con sus respectivos instrumentos, fue una celebración que modifico la vida de cada uno de los que estábamos participando, nos agrando el corazón y nos hizo descubrir lo grande que es nuestra familia y lo mucho que tenemos que ver con cada uno de nuestros hermanos a pesar de las distancias culturales, verdaderamente somos hermanos, verdaderamente aquel forma parte de mi y yo formo parte de él y así estamos unidos en Dios ¡que grandioso es esto!
Estas breves palabras intentan dar un vistazo de mi experiencia, puedo decir que es muy difícil concentrar una experiencia tan hermosa en tan pocos renglones, pero me atrevo aún a sintetizar más esta experiencia diciendo que fue una Experiencia de Iglesia y de la gratuidad generosa del amor de Dios.
Andrés F. Espíndola
Andres_fabian@hotmail.com
Fotos de la Jornada

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